Ágora de Educación SG–E

La Universidad es un bien público de primer orden con un fuerte compromiso social, pues su función, entre otras, es abrir espacios de libertad y sendas atrevidas, aunque seguras, para el progreso de la Humanidad, para el avance social, científico y tecnológico, para la conquista del futuro y de un mundo más habitable, más libre, más justo y más solidario.

También es una institución dedicada a la Educación Superior, un espacio creado para tomar contacto con la ciencia, el pensamiento y la cultura de alto nivel. Lo es también para el ejercicio de la libertad y la confrontación de pareceres e ideas surgidas del estudio, el pensamiento y la crítica sólida y constructiva, con el ánimo de hacer de sociedad, cultura y educación algo mejor. Es, en cierto modo, el gran laboratorio donde se crean y transforman la ciencia y la cultura, e indirectamente, la sociedad.

Por lo cual, entre otras cosas, la Universidad ha de estar en conexión con el entorno mediato e inmediato, al tanto de lo que ocurre extramuros. Esto quiere decir que debe abrir sus puertas a la vida del medio donde radica y a los influjos de otras regiones geográficas y del pensamiento, cercanas o no física o espiritualmente. Y viceversa: La ciudad ha de posibilitar que la Universidad deje su impronta, enriqueciendo y dinamizando la vida social y cultural de la localidad.

Mas el logro de estas y otras aspiraciones depende, en gran medida, de la calidad de los habitantes de la Universidad, que son, a fin de cuentas, quienes imprimen uno u otro carácter a la institución. De ahí que no sea cuestión baladí el talante con el que se afronta la vida universitaria, sea como docente o como estudiante. Se espera de unos y otros que inviertan grandes dosis de tiempo y energía en tareas y experiencias encaminadas al crecimiento personal y la maduración intelectual, a la exploración y conquista de otros estilos de vida y nuevos espacios del conocimiento.

Y esto sólo se puede conseguir haciendo de la Universidad un espacio para comunicación, la colaboración y la cooperación. Lo que quiere decir que profesores y alumnos han de caminar juntos, han buscar y construir un proyecto académico sólido y con sentido. En esta tarea se espera de los estudiantes que exploren, cada vez con mayor autonomía, los confines de la autoeducación –aquello que el individuo es capaz de hacer de sí mismo-, descubriendo a su paso las posibilidades y los riesgos que ésta entraña, así también las satisfacciones que reporta el atrevimiento de usar la propia inteligencia. Y de los docentes que, por fuerza, pierdan parte de su protagonismo y tomen un papel más discreto, de guía y mediador. Y es que, como apuntó Celestín Freinet:

«Somos –los docentes- incapaces de crear nada. No suscitamos ningún torrente. Pero podemos ayudar a la vida a realizarse, al torrente a proseguir su destino con máxima capacidad de poder. Ese es el papel, limitado pero repleto de posibilidades, de la verdadera educación» (Celestín Freinet. La psicología sensitiva y la educación, Buenos Aires, Troquel, 1969, 46).

Finalmente, la Universidad ha de ser una institución viva, activa y dinámica, en la que el trabajo libre, responsable, autónomo y a pleno tiempo sea lo que marque el ritmo de vida de la comunidad universitaria. Esto es algo parecido al desenvolvimiento de una colmena, donde parece que no pasa nada, pero que, en verdad, hay una constante actividad en la que todos saben qué hacer, cuándo y cómo hacerlo y, sobre todo, por qué y para qué hacerlo.

SG-E es un proyecto docente que pretende, con humildad, buen ánimo y cierto riesgo, renovar y revitalizar la vida académica universitaria, tanto en sus estilos como en sus contenidos.

Los principios que orientan la actividad de SG-E son pocos, pero suficientes: trabajo libre, responsable, honesto e inteligente, comunicación y colaboración, mérito personal y solidaridad en los esfuerzos, valor, autenticidad y confianza.

Los objetivos, con carácter general, son afilar la inteligencia, ejercitar, desarrollar y utilizar, osada y honestamente, las células grises; generar y afianzar estructuras, estilos y formas de pensamiento maduro, libre, riguroso y coherente, sustentado en la razón, la lógica y el sentido común, y animado por la chispa de la imaginación; ampliar los horizontes académicos y vitales de la Universidad; y explorar el universo de la educación.

El logro de esto implica acometer trabajos y realizar actividades de diversa índole, que, generalmente, como toda exploración de una región del conocimiento, requieren: un trabajo pausado, reposado, inteligente y autónomo; eludir la censura, tanto la propia como la ajena; atender a la realidad con amplitud de miras; estar dispuestos a matizar o modificar, mediante la autocrítica y la ejercida por terceros, los planteamientos de partida; canalizar ideas y pensamientos de forma precisa, para lo que será menester hablar, leer y escribir mucho y bien; voluntad, complicidad y confianza.

El lema de este particular club de exploradores de la educación social es formación, investigación e innovaciónFormación porque para tener criterio es necesario conocer, cuanto más mejor. Pero no basta sólo con conocer sin más. Este conocimiento ha de ir acompañado de un proceso de maduración personal e intelectual, de ese salto cualitativo que permite atrevernos a utilizar nuestra razón de forma inteligente, autónoma y con sentido de la realidad.

Investigación porque es necesario mantener viva la llama de la curiosidad, la capacidad de sorprenderse, una actitud abierta ante la vida y expectante ante lo que ésta puede deparar.

Innovación porque es preciso recuperar ese estado de ánimo y esa tensión intelectual que lleva a los seres humanos a aventurarse en parajes desconocidos o mínimamente cartografiados tras la promesa de lo imposible y la posibilidad de lo inverosímil. Es decir, se debe hacer un ejercicio de imaginación, buscar otras respuestas a viejas preguntas, formular algunas nuevas y aventurar alternativas a las rutas de oficio marcadas para la Humanidad.

Las rutas que seguir durante las exploraciones de las distintas áreas y los rincones varios de la Educación, por sus características, obligarán a los aventureros a poner en juego un buen número de habilidades sociales, prácticas e intelectuales, pues implicarán relaciones humanas, análisis inteligente de la realidad, ingenio, algunas dosis de imaginación, capacidad de síntesis, intervención socioeducativa y reflexión sobre la propia acción, investigación y comunicación, tanto oral como escrita.

Los itinerarios que se seguirán, unas veces en solitario y otras en equipo, aunque plagados de bifurcaciones, vías alternativas y pasajes secretos, serán, en la mayoría de las ocasiones, claros y seguros, pues se avanzará en compañía de uno o varios guías expertos y avezados. Pero habrá veces en las que se tomarán sendas, caminos o cañadas poco transitadas, algunas, incluso, en desuso. Y en esos momentos, sólo se contará para orientarse con la propia inteligencia.

El catálogo de regiones del universo de la educación susceptibles de ser exploradas es amplio, recogiendo múltiples y variadas salas de la Educación, mas todas con una marcada presencia de lo social y lo cultural.

Serán varias y de distinta índole las herramientas que se utilizarán y las estrategias que se pondrán en juego para el logro de las aspiraciones de SG-E. En primer lugar, llegado un punto del trayecto, durante las expediciones se prescindirá de buena parte de los elementos clásicos de la docencia y se pondrán en marcha otras estrategias de aprendizaje y técnicas de enseñanza adaptadas a las posibilidades y necesidades de nuestro tiempo y más acordes con el espíritu que informó la última reforma de la Universidad, tendente a la autonomía, la responsabilidad y la libertad y basada en la enseñanza personalizada y la evaluación progresiva, para lo cual la tutoría se ha revelado como uno de los medios más propicios, adecuados y exitosos.

Finalmente, el visitante debe advertir que con esto no se ha descubierto nada nuevo. Lo más que se ha conseguido, en tal caso, es rescatar y actualizar unas pocas ideas y técnicas de enseñanza, algunas con un siglo de vigencia, procurando incorporar ideas sugerentes de nuestro tiempo, el siglo XXI.